El antiguo estoico Epicteto dijo una vez: «Si quieres mejorar, acéptalo que te tomen por tonto». En ningún sitio es esto más cierto que en la mesa de póquer, donde el progreso depende casi por completo de la capacidad no solo de capear las tormentas de la varianza, sino también de soportar el juicio de los demás, así como el de
