Todo apostante, desde el aficionado ocasional de fin de semana hasta el profesional experimentado, se encuentra al borde de un precipicio psicológico conocido como «el abismo del tilt». Es el punto en el que la toma de decisiones racionales llega a su fin y las reacciones emocionales toman el control. La distancia hasta ese borde, sin embargo, no es la misma para todos. Viene definida por un profundo
